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Tu Mitología

La música de Quetzalcóatl

Tiempo estimado de lectura: 10 minutos

La «música de Quetzalcóatl» nos cuenta el mito de cómo trajo la música al mundo, no obstante, esta deidad se transforma en un dios del viento. En la lengua náhuatl, el viento se escribe como “Ehécatl”, sin embargo, su pronunciación es “Ahácatl”. Por otro lado, en este mito que te voy a contar hay que aclarar otro punto, y es sobre los sirvientes de Tezcatlipoca. Para los misioneros españoles Juan de Torquemada y Gerónimo de Mendieta, sus nombres son “Ballena, Sirena y Tortuga”.

Los nombres náhuatl se conservan en la versión francesa de un tratado perdido del siglo XVI del misionero español Andrés de Olmos. Sin embargo, en su edición moderna de la traducción francesa del tratado de Olmos, los nombres son “Mujer Pez (Sirena), Cocodrilo y Caña y Caracol”. Así que interpretaré a los sirvientes como sirvientas.

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Quetzalcóatl se convierte en Ehécatl

Hubo un tiempo en que Quetzalcóatl se cansó de ser la Serpiente Emplumada. Se cambió a sí mismo a Ehécatl, que significa “Viento”. Ehécatl voló arriba y abajo de la tierra, soplando las nubes de alrededor. Hizo que las copas de los árboles bailaran con la fuerza de su aliento. Salió al mar e hizo una gran tormenta que giró y sopló y agitó olas tan grandes como casas. Quetzalcóatl se divirtió mucho siendo viento.

Mientras lo hacía, pasó por delante de su hermano, Tezcatlipoca, y le dijo que dejara de soplar un momento. Este le preguntó si había visto las nuevas personas que habían creado, porque pensaba que a los humanos les faltaba algo, y Ehécatl le respondió:

No, no los he visto mucho últimamente, porque he sido viento y no me he quedado quieto por mucho tiempo. ¿Pero, no tienen buena comida y agua fresca para beber? ¿No tienen plumas brillantes y buenas telas para adornarse? ¿No tienen herramientas y habilidades para hacer su trabajo? ¿No adoran a los dioses como deben hacerlo? ¿Qué podría faltarles?

Tezcatlipoca pensó por un minuto. Su hermano había enumerado muchas cosas buenas que el pueblo tenía. Aun así, parecía que faltaba algo, hasta que se dio cuenta que a los humanos les faltaba música. Había que buscar la manera de proporcionarles música para que pudieran cantar y bailar. Con canciones y bailes los humanos pueden hacer que su adoración a los dioses sea aún mejor y más hermosa, así que, a Ehécatl le pareció muy buena idea.

Las sirvientes de Tezcatlipoca

No obstante, los dos hermanos se encontraron con un problema, la música pertenece a Tonatiuh, dios del Sol. Había que subir a los cielos y quitársela. Los dos dioses fueron juntos a la orilla del mar. Allí Tezcatlipoca llamó a sus sirvientas, Mujer Cocodrilo, Mujer Pez y Mujer Caña y Caracol y les dijo que le dieran a Ehécatl cualquier ayuda.

Lo primero que necesitaba hacer era subir a los cielos donde el Sol vivía y mantenía a sus músicos. Era demasiado alto para que Ehécatl volara por sí mismo. Necesitaba un gran puente para llegar allí. Así que, Ehécatl fue a las sirvientas de Tezcatlipoca y les dijo:

Constrúyanme un puente hacia la casa del Sol.

La Mujer Cocodrilo, la Mujer Pez y la Mujer Caña y Caracol trabajaron juntas. Pronto habían hecho un fino puente que llegaba hasta la casa del Sol, donde Ehécatl pudo caminar por el largo puente.

Ehécatl y Tonatiuh

A medida que se acercaba a la casa del Sol, empezó a oír el sonido de las flautas, los tambores y los cantos, pero aún no podía ver quién hacía esos sonidos. Se acercó cada vez más y pronto pudo ver a los músicos. Algunos de ellos llevaban ropa amarilla. Otros vestían de blanco. Y el resto estaban vestidos de azul o rojo. Pero antes de que Ehécatl pudiera acercarse lo suficiente para hablar con los músicos, Tonatiuh lo vio acercarse y le dijo:

¿Por qué vienes a mi casa, oh Viento?

Ehécatl le contestó:

Vengo a buscar música y a llevársela a la gente.

Tonatiuh no quería que Ehécatl se los llevara. El Sol les dijo a los músicos que se escondieran y que guardaran silencio, para que no pudiera encontrarlos, pero era demasiado tarde. Ehécatl ya los había oído tocar y cantar. Había visto sus brillantes ropas. Él sabía que los músicos estaban allí. También sabía que ningún músico podía permanecer en silencio por mucho tiempo. Así que Ehécatl comenzó a cantar:

Vengan conmigo a la tierra; toquen y canten para la gente de allí.

Canción de Ehécatl

Los músicos de Tonatiuh

Los músicos permanecieron en silencio porque temían la ira del Sol. Tonatiuh estaba satisfecho. Pensó que Ehécatl nunca encontraría a sus sirvientes y que la música solo le pertenecería a él para siempre. Sin embargo, este no se desanimó. Llegó al final del puente y entró en la casa del Sol. Lo intentó de nuevo, haciendo su canción aún más hermosa que antes.

Aun así, los músicos se quedaron en silencio. Tonatiuh vio que Ehécatl había entrado en su casa y buscaba a los músicos. El Sol trató de interponerse en el camino del viento, pero el viento era demasiado rápido para él. Ehécatl voló alrededor de Tonatiuh. Voló por todas las cámaras de la casa del Sol mientras cantaba su canción. Y esta vez los músicos le respondieron. Tocaron ritmos en sus tambores y melodías en sus flautas, y cantaron:

Llévanos a la tierra para tocar y cantar.

Tonatiuh muy enfurecido trató de atrapar a Ehécatl, pero este, volaba ágilmente hasta estar fuera de su alcance. Siguiendo el sonido de los tambores y las flautas, Ehécatl fue a la cámara donde se escondían los músicos:

Vengan conmigo cantaba Ehécatl. Llévanos a la tierra cantaban los músicos.

Música Azteca

Y así fue como, Ehécatl, envolvió a los músicos en su capa de plumas. Atravesó a toda velocidad las cámaras y salas de la casa del Sol y se los llevó a todos con él. Tonatiuh lo persiguió con toda la rapidez que tenía, pero no fue suficiente veloz para poder atrapar al viento. Ehécatl llevó a los músicos por el puente que las sirvientas habían construido. Cuando se acercó al fondo, gritó:

¡Mujer Cocodrilo, Mujer Pez y Mujer Caña y Caracol! ¡Derriba el puente para que el Sol no pueda seguirnos!

Las sirvientas hicieron lo que se les ordenó. Derribaron el puente, dejando a Tonatiuh varado en los cielos. Ehécatl se convirtió en una suave brisa y flotó hasta la tierra con los músicos. Cuando llegaron al suelo, desenrolló su capa y puso a los músicos en el suelo. Estos fueron directamente al pueblo más cercano. Le mostraron a la gente cómo hacer flautas y tambores y cómo hacer cuernos con conchas de caracol.

Enseñaron a la gente a tocar esos instrumentos y a cantar y hacer nuevas canciones. Fueron de pueblo en pueblo, enseñando todo lo que sabían. Y luego la gente enseñó a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, y pronto todos los pueblos del mundo estaban llenos de sonidos de flautas, tambores y cantos. Y así es como la Serpiente Emplumada llevó la música a la gente.

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Referencias

  • Juan de Torquemada (1388-1468). Primera parte de los veinte i un libros rituales i monarchia indiana : con el origen y guerras, de los indios occidentales, de sus poblaciones: descubrimiento, conquista, conversión, y otras cosas maravillosas de la misma tierra. Vol. 2. Madrid: Nicolas Rodríguez Franco, 1723. Biblioteca Digital AECID.

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